
Cómo lidiar con el ruido eléctrico en sus líneas de curado UV
Si dirige una empresa con unas pocas prensas de impresión de gran tamaño, seguramente ya conoce los problemas que causan las interferencias eléctricas.
Las lámparas UV a base de mercurio necesitan arrancadores y balastos de alta tensión para funcionar correctamente. El problema es que estos componentes generan una gran cantidad de interferencia electromagnética. Si las lámparas no son adecuadas para esa tarea, se producirán parpadeos, las lámparas se quemarán demasiado pronto, o todo el sistema dejará de funcionar sin motivo aparente. Es frustrante.
Mantener la estabilidad
Diseñamos nuestras lámparas UV a base de mercurio para que sigan funcionando de manera estable, incluso cuando la red eléctrica está “sucia”.
Imagínese una planta con diez o veinte prensas funcionando al mismo tiempo. Todas esas cargas inductivas generan picos de voltaje. Es un entorno caótico. Para combatir esto, hemos modificado la composición de los electrodos y el gas utilizado en las lámparas.
El objetivo es evitar que el arco eléctrico se desvíe o deje de funcionar. Así, se evita ese molesto problema de interrupciones en el funcionamiento de las lámparas, algo que ocurre con las lámparas baratas cuando alguna máquina cercana se enciende.
La realidad entre potencia y ruido
El problema es que las lámparas de alta potencia necesitan una tensión elevada para mantener el estado de plasma necesario para curar la tinta rápidamente. Pero esa potencia conlleva un riesgo: aumenta la interferencia electromagnética. No se puede eliminar completamente el ruido eléctrico.
Para obtener el máximo rendimiento de estas lámparas, es necesario asegurarse de que la conexión a tierra sea segura y que los cables estén bien protegidos. Si el cableado no es adecuado, incluso la mejor lámpara del mundo tendrá dificultades para funcionar.
¿Qué significa esto en la práctica?
Se trata de reemplazos sencillos para sus sistemas UV industriales habituales. Para los ingenieros, esto significa menos reemplazos durante el horario laboral y velocidades de curado más constantes en toda la línea de producción. Se obtiene un rendimiento estable, independientemente de lo que haga la máquina vecina.
Es la diferencia entre una línea que funciona 24/7 y otra que deja de funcionar cada vez que alguna máquina se enciende.